En política nada es casualidad, pero tampoco todo está escrito. A veces, las grandes sorpresas nacen donde pocos miran. Hoy, dentro del Partido Revolucionario Moderno (PRM), emerge con fuerza un binomio inesperado, pero cada vez más comentado en los corrillos del poder y en la base del partido: Raquel Arbaje y Eduardo Sanz Lovatón.
Sí, un binomio que rompe esquemas, desmonta prejuicios y reconfigura el tablero político rumbo al 2028.
Raquel Arbaje no es una figura decorativa ni una primera dama tradicional. Ha construido un liderazgo propio, cercano, humano y coherente, con una imagen de sensibilidad social, credibilidad y respeto nacional e internacional. Su presencia transmite equilibrio, decencia y confianza, valores que hoy el electorado reclama con urgencia.