Cuba atraviesa una profunda crisis económica y energética que ha generado creciente malestar social y protestas en distintas zonas del país durante las primeras semanas de febrero de 2026.
La situación se agrava por prolongados apagones, escasez de combustible y alimentos, así como tensiones internacionales que han impactado el suministro de petróleo hacia la isla. Según reportes recientes, el sistema eléctrico cubano continúa en una situación crítica, con colapsos parciales que han dejado a millones de personas sin energía en varias provincias, mientras las autoridades aplican medidas de emergencia y racionamiento para enfrentar la escasez.
El deterioro de la red eléctrica y la falta de combustible han provocado cortes prolongados que afectan servicios básicos, comercios y la vida cotidiana de los ciudadanos, incrementando el descontento social. En algunas zonas se reportan apagones que duran más de 20 horas, lo que ha obligado a la población a improvisar alternativas para cocinar, transportarse y trabajar. La crisis también impacta la economía nacional, con inflación elevada, dificultades en sectores clave como el turismo y la producción industrial, además de una creciente pobreza que golpea a miles de familias.
Esta combinación de factores ha motivado manifestaciones pacíficas y reclamos ciudadanos por mejoras en los servicios básicos, libertad económica y cambios en la gestión gubernamental. Ante el escenario, el gobierno cubano ha anunciado medidas para priorizar servicios esenciales como salud, educación y producción agrícola, al tiempo que implementa nuevas estrategias de ahorro energético y control del consumo.