La designación de Francisco Oliverio Espaillat Bencosme como nuevo ministro de Agricultura no fue un simple cambio administrativo; fue un mensaje político con mayúsculas. Con una sola firma, el presidente Luis Abinader desmontó el bastión de Hipólito Mejía en ese ministerio y dejó fuera a su hombre de confianza, Limber Cruz.
En política, cuando te quitan tu ficha más visible, no es casualidad: es correlación de fuerzas.
Hipólito había convertido el Ministerio de Agricultura en su territorio. Era su espacio de influencia, su cuota de poder y su principal área de maniobra dentro del Gobierno. Sin embargo, Andrés Bautista, desde el Ministerio Administrativo de la Presidencia, fue construyendo silenciosamente una ventaja que hoy se traduce en hechos concretos: su línea se impuso.